Que Iron Man es un personaje desafortunado, es lo que uno piensa. Sobre todo cuando descubre que realmente no hay ninguna etapa del personaje que merezca realmente resaltar, ninguna que merezca estar en el podio de los mejores cómics que jamás haya leído y la única que más se acerca es la de Michelinie y John Romita Jr. A Iron Man le sigue faltando tras cuarenta años de existencia y sumando, una etapa parecida a la deMillar en Daredevil, a la de Byrne en los 4F, a la de Peter David en Hulk o la de Claremonten X-men (la etapa de los buenos tiempos, no la actual). No digo que no haya tenido etapas buenas, pero ninguna que haga justicia a un personaje que tiene tanto potencial sin desarrollar por delante, de hecho ha pasado por la mano de demasiados guionistas sin que estos sepan exactamente lo que hacer con él.
Lo peor es que estos últimos años ha sido uno de esos personajes de Marvel secundarios sin apenas importancia alguna, un miembro importante de los Vengadores, sí, pero fuera de ahí tenía incluso menos notoriedad que el Capitán América, que también tuvo una época a manos de Jurgens bastante nefasta y poco recordada.
Incluso Kurt Busiek, cuando estaba al frente de los Vengadores y los Thunderbolts, hizo unos cuantos números en la serie regular que no son de lo mejor de su trabajo. En todo caso, la miniserie que recuenta el origen del personaje “Iron Man: Edad de Hierro” es mucho más notable.
Desde entonces, ha sufrido una remodelación tras otra sin mucho éxito, la armadura ha cambiado más veces que un chaval de móvil y guionistas tan capaces como John Jackson Miller no han tenido ni la más mínima oportunidad de quedarse en la serie un mínimo de números coherente para poder hacer algo con el personaje. Ni tan siquiera se aprovechó su condición de Representante de los Vengadores en la ONU (insertada por Johns en los Vengadores), llegando a darse el temible paso atrás durante el crossover de Desunidos, donde Tony Stark volvió a decirle al mundo que ya no era el portador de la armadura, una chorrada con tres pares de narices. Para colmo, el guionista que se encargó de dicha saga no duró ni tres telediarios, dando la serie una impresión de miniseries sin conexión que no benefician en absoluto el panorama.
Por suerte, esto va a cambiar dentro de poco, ya que tanto Bendis en los Nuevos Vengadores como Millar en Civil War han sido capaces de darle una importancia al personaje dentro del universo Marvel como nunca la había tenido. En resumen, el futuro de Iron Man está más que asegurado, con película incluida para el 2008.
Pero el principio del relanzamiento se encuentra en la saga Extremis, de Warren Ellis yAdi Granov, dos autores que se encargan de realizar una saga que parece más bien un storyboard para una película del hombre de hierro más que decente, ya que el enfoque es totalmente cinematográfico (los lápices hiperrealistas de Granov ayudan a ello) y la historia es muy básica, llegando a presentar al personaje, su origen, motivaciones y batalla final con secundarios de peso incluidos. Pero claro, eso no es suficiente en la colección del personaje regular.
Es decir, la historia es demasiado sencilla, se puede resumir en tres frases y eso es demasiado insatisfactorio para un lector del personaje busca más. Sobre todo si estamos hablando de Warren Ellis, el creador de series tan geniales como Authority (tras su marcha por Stormwatch, que también es fantástica), Planetary yTransmetropolitan. Es un guionista excelente que, sin embargo, tiene el terrible problema de ser muy propenso a escribir series a golpes de talonario, o al menos esa es la impresión que da al no mostrar ni el más mínimo interés a la hora de escribir algunas colecciones como podrían ser los Cuatro Fantásticos (en su versión Ultimate, claro) o los mutantes de Excalibur, donde no da ni el 50% de sí mismo. ¿Ese es el caso que nos podemos encontrar en su paso por Iron Man?
En parte sí, en parte no. Es decir, el relanzamiento está más que justificado y solventado de una manera más que correcta. El problema es, como ya he dicho antes, que el argumento principal es muy básico, se trata de una presentación de Stark, que se enfrenta a un tipo que posee una nueva tecnología que le hace superior perdiendo en el intento, Stark se recupera con innovaciones en su armadura (mientras vemos una reescritura de su origen) y… Bueno, creo que no hay mucho más que decir, porque se intuye.
En resumen, el guión no tiene mucho más superficialmente hablando, es predecible, poco original y para colmo el villano no tiene nada demasiado destacable, de hecho es completamente nuevo, con una carisma nula y estaba de paso, porque vaya final tiene, un tanto absurdo y fuera de lugar, si me lo permitís.
Encima Ellis solo pretendía hacer esta saga, así que todo lo que hace en ella recae en manos de los demás guionistas y eso en la Marvel actual es un riesgo porque los editores no se preocupan de que lo escrito por otros se utilice, los propios guionistas, que vienen después sin ni siquiera muestran haberse leído lo anterior, como tampoco lo hace el propio Ellis aquí. Lo que quiero decir con esto es que las variaciones que se hacen en esta serie puede que no se tengan en cuenta, lo cual es una pena porque tienen sus posibilidades.
Por suerte, no todo es malo, porque a pesar de todo lo mencionado anteriormente, me atrevería a decir que estamos ante la mejor saga que ha tenido Iron Man en mucho tiempo, o al menos de todas las que han publicado en España, porque hay mucho inédito. Lo cual tampoco quiere decir mucho, ojo, porque el nivel, como ya he dicho, ha rozado lo paupérrimo durante mucho tiempo.
Aparte, a veces la manera de contar una historia puede llegar a ser todo un acierto, porque como ya he dicho antes se trata de una narración cinematográfica muy ágil y entretenida. Por no decir que hay algo muy, pero que muy destacable en esta miniserie, que es el increíble tratamiento que Ellis hace de Tony Stark, preocupándose por hacerlo condenadamente realista y dándonos diferentes lecciones de doble moral que enriquecen aun más el conjunto. Es decir, tenemos a un Stark que no se atreve ni a mirarse al espejo, que teme que el armamento que se dedica a crear en su empresa forme parte de las guerras o sea empleado para dañar a gente. Ellis juega aquí con el doble uso de nuestras creaciones, de nuestros aparatos y las nuevas tecnologías. Un móvil con cámara puede ser genial si lo empleas para tu propio gusto, pero puede ser un arma terrible a manos de espías o, si me permitís esta comparación tan curiosa, en manos de gente que no tiene ni el más mínimo respeto por la intimidad de cada uno. Esto es lo que ocurre en mayor medida con Stark, teme que sus innovaciones acaben usándose para las guerras, es algo que le quita el sueño.
Pero dirigir una empresa no es fácil y tiene que conseguir beneficios, tratando de buscar la manera de que toda la tecnología que crea sea empleada del mejor modo posible, para elementos de ocio tipo móviles o electrodomésticos. Esta faceta del personaje nunca ha sido muy tratada, de hecho creo que es la primera vez que alguien se mete a fondo y se dedica a diseccionar al empresario de un modo tan inteligente. Este detalle es la que hace única esta saga y compensa con creces su precio, por los diálogos que sostiene Tony con cualquiera de los personajes que aparecen, destacando uno de los viejos amigos llamado Sal o un nada comedido John Pillinger que en pocas páginas disecciona los pesares de Stark.
Por lo demás, los avances que tiene el personaje con su armadura son bestiales y tienen mucho que ver con el villano al que se ha tenido que enfrentar. En resumidas cuentas, Ellis ha tomado nota de lo realizado por Orson Scott Card en la miniserie de Ultimate Iron Man y le ha ofrecido algo al personaje que ya veremos si los guionistas venideros sabrán sacarle partido.
En cuanto a Granov, es el diseñador de la armadura para la película que tendremos en el 2008, lo cual es todo un acierto al ver con qué solvencia es capaz de dibujarla, con total elegancia y sofisticación, esta miniserie ha sido la que, sin duda, hizo que los productores se fijaran en este artista.
En cuanto a su estilo, estamos ante un dibujante del tipoAlex Ross, hiperrealista y fotográfico, solo que emplea más el ordenador para colorear que los pinceles, o al menos esa es la impresión que me da. De todas maneras, el acabado final es apabullante, tan solo hay que ver esas escenas de acción con total crudeza o las que está simplemente Stark sentado hablando con alguien. Quizá sea un dibujante un tanto hermético y comete fallos de raccord tan graves como uno de los disparos que sufre el villano al final, que luego no se ven reflejados. Aun así, el resultado es muy vistoso y espectacular, sin duda atraerá a cualquiera.
En definitiva, estamos ante un tomo correcto, bien escrito y con un personaje tratado de un modo bastante interesante. Es una pena que el argumento no sea nada del otro mundo, porque de haber sido así quizá habría sido mucho más destacable. Por lo demás, si quieres introducir a alguien a Iron Man, no es mala elección.
Lo peor es que estos últimos años ha sido uno de esos personajes de Marvel secundarios sin apenas importancia alguna, un miembro importante de los Vengadores, sí, pero fuera de ahí tenía incluso menos notoriedad que el Capitán América, que también tuvo una época a manos de Jurgens bastante nefasta y poco recordada.
Incluso Kurt Busiek, cuando estaba al frente de los Vengadores y los Thunderbolts, hizo unos cuantos números en la serie regular que no son de lo mejor de su trabajo. En todo caso, la miniserie que recuenta el origen del personaje “Iron Man: Edad de Hierro” es mucho más notable.
Desde entonces, ha sufrido una remodelación tras otra sin mucho éxito, la armadura ha cambiado más veces que un chaval de móvil y guionistas tan capaces como John Jackson Miller no han tenido ni la más mínima oportunidad de quedarse en la serie un mínimo de números coherente para poder hacer algo con el personaje. Ni tan siquiera se aprovechó su condición de Representante de los Vengadores en la ONU (insertada por Johns en los Vengadores), llegando a darse el temible paso atrás durante el crossover de Desunidos, donde Tony Stark volvió a decirle al mundo que ya no era el portador de la armadura, una chorrada con tres pares de narices. Para colmo, el guionista que se encargó de dicha saga no duró ni tres telediarios, dando la serie una impresión de miniseries sin conexión que no benefician en absoluto el panorama.
Por suerte, esto va a cambiar dentro de poco, ya que tanto Bendis en los Nuevos Vengadores como Millar en Civil War han sido capaces de darle una importancia al personaje dentro del universo Marvel como nunca la había tenido. En resumen, el futuro de Iron Man está más que asegurado, con película incluida para el 2008.
Pero el principio del relanzamiento se encuentra en la saga Extremis, de Warren Ellis yAdi Granov, dos autores que se encargan de realizar una saga que parece más bien un storyboard para una película del hombre de hierro más que decente, ya que el enfoque es totalmente cinematográfico (los lápices hiperrealistas de Granov ayudan a ello) y la historia es muy básica, llegando a presentar al personaje, su origen, motivaciones y batalla final con secundarios de peso incluidos. Pero claro, eso no es suficiente en la colección del personaje regular.
Es decir, la historia es demasiado sencilla, se puede resumir en tres frases y eso es demasiado insatisfactorio para un lector del personaje busca más. Sobre todo si estamos hablando de Warren Ellis, el creador de series tan geniales como Authority (tras su marcha por Stormwatch, que también es fantástica), Planetary yTransmetropolitan. Es un guionista excelente que, sin embargo, tiene el terrible problema de ser muy propenso a escribir series a golpes de talonario, o al menos esa es la impresión que da al no mostrar ni el más mínimo interés a la hora de escribir algunas colecciones como podrían ser los Cuatro Fantásticos (en su versión Ultimate, claro) o los mutantes de Excalibur, donde no da ni el 50% de sí mismo. ¿Ese es el caso que nos podemos encontrar en su paso por Iron Man?
En parte sí, en parte no. Es decir, el relanzamiento está más que justificado y solventado de una manera más que correcta. El problema es, como ya he dicho antes, que el argumento principal es muy básico, se trata de una presentación de Stark, que se enfrenta a un tipo que posee una nueva tecnología que le hace superior perdiendo en el intento, Stark se recupera con innovaciones en su armadura (mientras vemos una reescritura de su origen) y… Bueno, creo que no hay mucho más que decir, porque se intuye.
En resumen, el guión no tiene mucho más superficialmente hablando, es predecible, poco original y para colmo el villano no tiene nada demasiado destacable, de hecho es completamente nuevo, con una carisma nula y estaba de paso, porque vaya final tiene, un tanto absurdo y fuera de lugar, si me lo permitís.
Encima Ellis solo pretendía hacer esta saga, así que todo lo que hace en ella recae en manos de los demás guionistas y eso en la Marvel actual es un riesgo porque los editores no se preocupan de que lo escrito por otros se utilice, los propios guionistas, que vienen después sin ni siquiera muestran haberse leído lo anterior, como tampoco lo hace el propio Ellis aquí. Lo que quiero decir con esto es que las variaciones que se hacen en esta serie puede que no se tengan en cuenta, lo cual es una pena porque tienen sus posibilidades.
Por suerte, no todo es malo, porque a pesar de todo lo mencionado anteriormente, me atrevería a decir que estamos ante la mejor saga que ha tenido Iron Man en mucho tiempo, o al menos de todas las que han publicado en España, porque hay mucho inédito. Lo cual tampoco quiere decir mucho, ojo, porque el nivel, como ya he dicho, ha rozado lo paupérrimo durante mucho tiempo.
Aparte, a veces la manera de contar una historia puede llegar a ser todo un acierto, porque como ya he dicho antes se trata de una narración cinematográfica muy ágil y entretenida. Por no decir que hay algo muy, pero que muy destacable en esta miniserie, que es el increíble tratamiento que Ellis hace de Tony Stark, preocupándose por hacerlo condenadamente realista y dándonos diferentes lecciones de doble moral que enriquecen aun más el conjunto. Es decir, tenemos a un Stark que no se atreve ni a mirarse al espejo, que teme que el armamento que se dedica a crear en su empresa forme parte de las guerras o sea empleado para dañar a gente. Ellis juega aquí con el doble uso de nuestras creaciones, de nuestros aparatos y las nuevas tecnologías. Un móvil con cámara puede ser genial si lo empleas para tu propio gusto, pero puede ser un arma terrible a manos de espías o, si me permitís esta comparación tan curiosa, en manos de gente que no tiene ni el más mínimo respeto por la intimidad de cada uno. Esto es lo que ocurre en mayor medida con Stark, teme que sus innovaciones acaben usándose para las guerras, es algo que le quita el sueño.
Pero dirigir una empresa no es fácil y tiene que conseguir beneficios, tratando de buscar la manera de que toda la tecnología que crea sea empleada del mejor modo posible, para elementos de ocio tipo móviles o electrodomésticos. Esta faceta del personaje nunca ha sido muy tratada, de hecho creo que es la primera vez que alguien se mete a fondo y se dedica a diseccionar al empresario de un modo tan inteligente. Este detalle es la que hace única esta saga y compensa con creces su precio, por los diálogos que sostiene Tony con cualquiera de los personajes que aparecen, destacando uno de los viejos amigos llamado Sal o un nada comedido John Pillinger que en pocas páginas disecciona los pesares de Stark.
Por lo demás, los avances que tiene el personaje con su armadura son bestiales y tienen mucho que ver con el villano al que se ha tenido que enfrentar. En resumidas cuentas, Ellis ha tomado nota de lo realizado por Orson Scott Card en la miniserie de Ultimate Iron Man y le ha ofrecido algo al personaje que ya veremos si los guionistas venideros sabrán sacarle partido.
En cuanto a Granov, es el diseñador de la armadura para la película que tendremos en el 2008, lo cual es todo un acierto al ver con qué solvencia es capaz de dibujarla, con total elegancia y sofisticación, esta miniserie ha sido la que, sin duda, hizo que los productores se fijaran en este artista.
En cuanto a su estilo, estamos ante un dibujante del tipoAlex Ross, hiperrealista y fotográfico, solo que emplea más el ordenador para colorear que los pinceles, o al menos esa es la impresión que me da. De todas maneras, el acabado final es apabullante, tan solo hay que ver esas escenas de acción con total crudeza o las que está simplemente Stark sentado hablando con alguien. Quizá sea un dibujante un tanto hermético y comete fallos de raccord tan graves como uno de los disparos que sufre el villano al final, que luego no se ven reflejados. Aun así, el resultado es muy vistoso y espectacular, sin duda atraerá a cualquiera.
En definitiva, estamos ante un tomo correcto, bien escrito y con un personaje tratado de un modo bastante interesante. Es una pena que el argumento no sea nada del otro mundo, porque de haber sido así quizá habría sido mucho más destacable. Por lo demás, si quieres introducir a alguien a Iron Man, no es mala elección.
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